jueves, 23 de septiembre de 2010

Hoy, 22 de septiembre.

Si hay algo que no hemos cambiado con el paso de los años, es nuestra actitud caprichosa.
Y si algo hemos obtenido al ser adultos, es a ser engreído.
Por separado no molesta mucho, pero ambas juntas tenemos un gran número de problemas. Sindicatos, profesores universitarios, católicos... Y nosotros mismos. Sobretodo nosotros mismos. Yo, el mismo tontito que escribe estas palabras, es un caprichoso engreído.
Hay cosas que quiero, ¡y las quiero ya! Y tengo suerte de estar en la fase pesimista, que si no fuera así lucharía hasta conseguir lo que quiero, o hasta cansarme. Sin embargo, hay otras personas que no están en mi situación, y se quejan, y lloran, y esas tonterías.
Por ejemplo, en la delegación de mi facultad, hay un individuo que desea el poder supremo, y controlar a las marionetas desde las sombras. Quiere llevarlo todo perfecto, le cueste lo que le cueste. Una profesora de la universidad ha sido denunciada por 200 alumnos (o lo será), porque ha aprobado tan solo a 15 de todos ellos. Sarkozy está sacando a los gitanos de Francia, porque Francia es suya y se la folla cuando quiere.

¿Qué les ha pasado a estos personajes? Que de repente se han dado cuenta de que el mundo no vive para ellos. Han encontrado oposiciones, oposiciones fuertes, porque la gente llega un momento en la que se harta de que le toquen los cojones. Que con cariño y lascivia (oy, qué profesional me ha salido eso) está bien que te los toquen, pero cuando lo hacen para hacer daño, te dan ganas de pegarle un tiro, o quince.
Lo más tonto de todo esto, es que esta gente no se dará cuenta de las cosas nunca. Se cansarán, se darán la vuelta, agacharán la cabeza, y le echarán la culpa al vecino (tú podrías ser ese vecino, y lo sabes). Y si hay algo más tonto que eso, es que todos somos así.
La culpa nunca es nuestra. Ha sido el otro gilipollas el que no ha quitado el coche justo cuando yo iba por la carretera, y por eso he tenido que frenar usando su maletero...
Odio a los engreídos.
Y a los maleteros.
¡Y a los franceses! Bueno no, a esos no puedo odiarles. Ya os explicaré por qué.

2 comentarios:

  1. Todos no somos engreídos :) el tiempo muchas veces te baja del pedestal y hace que te des cuenta de lo minúsculos e insignificantes que somos.

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  2. La naturaleza se encarga de recordarnos a diario que somos un moco en un pañuelo :) Ella se rasca la espalda y es un terremoto que mata a miles. Llora del cabreo que tiene y trae un huracán que se lleva por delante a otros miles y todo lo que tienen. Le sale un grano de adolescente y es un volcán... No somos nada y somos todo. El ser humano tiene la maravillosa capacidad de ir por la vida tocando los extremos, hace las cosas más maravillosas y acto seguido las más despiadadas..

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